Canillita trabaja sobre una pieza urbana en retirada: el puesto de diarios. Donde una función desaparece, el proyecto reconoce una permanencia material, simbólica y territorial. Su objetivo es reactivar esa presencia. El dispositivo se organiza a partir del despliegue. Un cuerpo compacto se abre mediante paneles, gajos y superficies móviles, extendiendo su espesor sobre la vereda. Este movimiento es técnico y urbano: al abrirse, el puesto cambia de escala, multiplica sus usos y redefine su relación con la calle. Cada pieza responde a su contexto dentro de una lógica común. Café, soporte cultural, galería mínima y artefacto luminoso conviven en una infraestructura de pequeña escala. En Santa Fe y Maipú, junto al Palacio Paz, los gajos curvos toman una memoria ornamental del entorno y la traducen en una geometría contemporánea. Abierto o cerrado, el puesto mantiene su condición pública: una pequeña arquitectura capaz de producir ciudad desde la vereda.